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martes, 20 de mayo de 2014

Películas: 2013.

Películas: 2013.
*Esta entrada reúne información general del cine de 2013 y sobre películas sin entrada propia.
A propósito de Llewyn Davis (2013), de Joel y Ethan Coen.
Agosto (2013), de John Wells.

Asalto al poder (2013), de Roland Emmerich.
Blue Jasmine (2013), de Woody Allen. 
De tal padre, tal hijo (2013), de Hirokazu Kore-eda.
Doce años de esclavitud (2013), de Steve McQueen.
El consejero (2013), de Ridley Scott.
El juego de Ender (2013), de Gavin Hood.
El lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese. 
El médico (2013), de Philip Stölzl.
El quinto poder (2013), de Bill Condon.
Elysium (2013), de Neill Blomkamp.
Enemy (2013), de Denis Villeneuve. 
Guerra mundial Z (2013), de Marc Forster.
Her (2013), de Spike Jonze.
Ida (2013), de Pawel Pauwlikovski.
Joven y bonita (2013), de François Ozon.
La gran estafa americana (2013), de David O'Russell.
La ladrona de libros (2013), de Brian Percival.
La mirada del amor (2013), ded Arie Posin.
La mujer invisible (2013), de Ralph Fiernnes.
Llévame a la luna (2013), de Pascal Chaumeil.
Luna en Brasil (2013), de Bruno Barreto. 
Nebraska (2013), de Alexander Payne.
Nymphomaniac (I)(2013), de Lars von Trier.
Pacific Rim (2013), de Guillermo del Toro
Prisioneros (2013), de Denis Villeneuve. 
Rush (2013), de Ron Howard.
Solo los amantes sobreviven (2013), de Jim Jarmusch.
Stoker (2013), de Park Chan-Wook
The Grandmaster (2013), de Wong Kar-Wai.
Una casa en Córcega (2013), de Pierre Duculot.

Dos consideraciones previas contra los 'spoilers' y los insultos.

He leído muchos comentarios sobre cine en blogs y advierto que a menudo se abusa de los spoilers que delatan las tramas de las películas y además faltan al respeto del trabajo de los profesionales, del que viven ellos y sus familias, y fastidian el gozo del espectador que quiere mantener su capacidad de sorpresa. Vale apuntar la idea principal del filme, porque es imprescindible para encuadrarlo en un género, pero es indecente contar los nudos principales del argumento y por añadido soltar el final de sopetón. Más lamentable incluso es que muchos comentarios recurran a insultar, ofender y despreciar a los demás. El cine es cultura y quienes lo amamos exigimos el derecho de poder razonar sin sufrir extremismos.

A propósito de Llewyn Davis (2013), de Joel y Ethan Coen.
A propósito de Llewyn Davis (2013). Inside Llewyn Davis. EE UU. Género: drama. Duración: 105 minutos. Dirección: Ethan y Joel Coen. Intérpretes: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, F. Murray Abraham. Guión: Ethan y Joel Coen. Música: AA.VV. Fotografía: Bruno Delbonnel. Montaje: Roderick Janes. 
Altares, Guillermo (entrevista); Lewis, Michael (fotos). Joel y Ethan Coen. “El País” Semanal 1.941 (8-XII-2013) 34-38. Estrenan su décimosexto filme, con una recepción crítica muy dividida.
Boyero, Carlos. La autoría de los Coen puede ser cargante. “El País” (3-I-2014) 38.

Agosto (2013), de John Wells
Agosto (2013). EE UU. Género: DramaDuración: 121 minutos. Dirección: John Wells. Intérpretes: Meryl Streep, Julia Roberts, Chris Cooper, Sam Shepard, Benedict Cumberbatch, Abigail Breslin. Guión: sobre la obra teatral de Tracy Letts, August: Osage County. Música: Gustavo Santaolalla. Fotografía: Adriano Goldman. Montaje: Stephen Mirrione
John Wells (Virginia, 1957) es un director prestigioso por su trabajo en las series televisivas Urgencias y El ala oeste de la Casa Blanca.
García, Toni. ‘Agosto’: explosión de estrellas. “El País” (10-I-2014) 38. Costa, Jordi. Bajo dos soles furiosos. “El País” (10-I-2014) 38.

Asalto al poder (2013), de Roland Emmerich.
Asalto al poder (2013). White House Down. EE UU. Género: thriller. Duración: 131 minutos. Dirección: Roland Emmerich. Intérpretes: Channing Tatum, Jamie Foxx. Guión: James Vanderbilt. Música: Harald Kloser, Thomas Wanker. Fotografía: Anna Foerster. Montaje: Adam Wolfe.
Cale, un policía del Capitolio es rechazado cuando solicitado entrar en el Servicio Secreto para proteger al presidente de EE UU, pero poco después, mientras su pequeña hija hace una visita a la Casa Blanca, esta es atacada por un comando terrorista que secuestra al presidente. Ahora Cale ha de salvar a su hija, al presidente y al país.
Un blockbuster con el conocido estilo monumental e histriónico de Emmerich, bien interpretada por Channing Tatum (el policía Johan Cale) y Jamie Foxx (el presidente). La crítica se dividió mucho sobre esta película: entretenida, absurda, gamberra, ridícula, impactante..., con notas desde la excelencia hasta el suspenso catastrófico.
[https://www.youtube.com/watch?v=MtetUae45FM] Tráiler.

[http://www.filmaffinity.com/es/film640072.html]

Blue Jasmine (2013), de Woody Allen
Fuentes.
Ayuso, Rocío. 'A mí nadie me toma en serio’. “El País” (29-VII-2013) 47-49. La nueva película de Woody Allen, protagonizada por Kate Blanchett.
Martínez, Luis. Woody Allen. ‘El amor evita que pensemos en la vida’. “El Mundo” (5-XI-2013) 51-52.
Ayuso, Rocío. Cate Blanchett / Actriz. ‘En mi trabajo soy la eterna insatisfecha’. “El País” (10-XI-2013) 53.
Boyero, Carlos. Estupor y decepción. “El País” (15-XI-2013) 53. Un fracaso de Allen y Blanchett.
Estrada, Javier. Woody Allen. ‘La vida es una tragedia aderezada con notas de humor’. “El Mundo” Metrópoli (15-XI-2013).


De tal padre, tal hijo (2013), de Hirokazu Kore-eda. 
De tal padre, tal hijo (2013). Japón. Género: Drama. Duración: 120 minutos. Dirección: Hirokazu Kore-eda. Intérpretes: Masaharu Fukuyama, Yoko Maki, Machiku Ono. Guión: Hirokazu Kore-eda. Fotografía: Mikiya Takimoto.
Belinchón, Gregorio. Kore-eda. ‘Hoy lo que más me inspira es ver el rostro de mi niña durmiendo’. “El País” (29-XI-2013) 46. El director japonés Hirokazu Kore-eda (Tokio, 1962).
Ocaña, Javier. Un cuento moral. “El País” (29-XI-2013) 46.

Doce años de esclavitud (2013), de Steve McQueen.


Doce años de esclavitud (2013). Reino Unido. Género: drama. Duración: 133 minutos. Dirección: Steve McQueen. Intérpretes: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Benedict Cumberbatch, Lupita Nyong'o, Paul Dano, Paul Giamatti, Brad Pitt. Guión: John Ridley, sobre autobiografía de Solomon Northup. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Sean Bobbitt. Montaje: Joe Walker.
Trama.
Basada en una historia  real ocurrida en 1850-1862 a Solomon Northup, un negro libre y músico que vivía con su familia en Nueva York, y que fue engañado por dos negociantes para atraerlo a Washington, donde le drogaron y secuestraron para venderlo como esclavo en las plantaciones de Luisiana, donde sufrió interminables sevicias, al tiempo que contemplaba la degradación de la sociedad esclavista. Pero él mantuvo incólume su dignidad y su esperanza de hallar la libertad, para reunirse con su familia, lo que logró con el apoyo de grupos antiesclavistas.
Opinión.
Steve McQueen (Londres, 1969), de raza negra, videoartista, es el polémico director de los filmes Hunger (2008), sobre la muerte en prisión del preso del IRA Bobby Sands, y Shame (2011), sobre un adicto al sexo, magistralmente interpretado por Michael Fassbender, un actor fetiche de McQueen, protagonista de sus dos primeros filmes y secundario fundamental como el malvado esclavista del tercero.
El filme ha conseguido extraordinarias alabanzas de los críticos, rendidos a la fuerza de la historia, el ritmo y veracidad que impone McQueen y la calidad de las interpretaciones, sobre todo Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender. 
Fuentes.
Internet.
Artículos.
Belinchón, Gregorio. Steve McQueen / Director de cine. ‘Crece el racismo, y eso es perturbador’. “El País” (10-XII-2013) 40.
Boyero, Carlos. Explícito retrato de la infamia. “El País” (13-XII-2013) 47. Magnífico film, aunque demasiado violento.
Sentís, Mireia. Hollywood salda cuentas con la esclavitud. “El País” Semanal 1.942 (15-XII-2013) 12.


El consejero (2013), de Ridley Scott.
El consejero (2013). The CounselorEE UU / Reino Unido. Género: drama. Duración: 117 minutos. Dirección: Ridley Scott. Intérpretes: Michael Fassbender, Brad Pitt, Javier Bardem, Cameron Diaz, Penélope Cruz. Guión: Cormac McCarthy. Música: Daniel Pemberton. Fotografía: Dariusz Wolski.
Boyero, Carlos. Cormac McCarthy, escritor de cine. “El País” (29-XI-2013) 47.

El gran Gatsby (2013), de Baz Luhrmann.
El gran Gatsby (2013). EE UU. Género: drama. Duración: minutos. Dirección: Baz Luhrmann. Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Carey Mulligan, Tobey Maguire. Guión: Baz Luhrmann y Craig Pearce, sobre la novela de Francis Scott Fitzgerald. Música: Craig Armstrong. Fotografía: Simon Duggan. Montaje: Jason Ballantine, Matt Villa y Jonathan Redmon. Diseño de vestuario y joyería: Miuccia Prada. 
Crespo, Irene. La penúltima fiesta del gran Gatsby. “El País” (12-V-2013) 49. Un desastre.

El juego de Ender (2013), de Gavin Hood.

El juego de Ender (2013). EE UU. Género: ciencia-ficción. Duración: 114 minutos. Dirección: Gavin Hood. Intérpretes: Asa Butterfield, Harrison Ford, Ben Kingsley, Abigail Breslin, Hailee Steinfeld, Viola Davis, Aramis Knight, Suraj Partha, Moises Arias, Khylin Rhambo. Guión: Gavin Hood, sobre la novela de Gordon Scott Card. Música: Steve Jablonsky. Fotografía: Donald McAlpine. Montaje: Lee Smith, Zach Staenberg.
Trama.
Una especie alienígena, los insectores, ha atacado dos veces la Tierra, llevándola casi hasta el punto del exterminio. Es preciso prepararse para una tercera invasión. Un niño es reclutado por las Fuerzas Armadas de la Tierra para ser entrenado como jefe militar  y estratega, en un juego digital que es mucho más...
Opinión.
La novela me impresionó hace muchos años, por su logrado sentido épico de la aventura y el crecimiento personal en un ambiente claustrofóbico. La amistad, la ambición de crecer, mandar y ganar, el miedo a perecer... sentimientos y necesidades que van apareciendo con controladas dosis a lo largo de la novela, hasta un clímax final de indudable brío y dudosas connotaciones éticas.
La película soslaya la mayor parte de los atributos anteriores. Es difícil tarea el subrayar años de evolución de una vida infantil en algo menos de dos horas, pero otros lo han logrado con mucho mayor éxito que Hood. En cambio, las escenas de batallas espaciales, simuladas en un doble juego de metacine que los lectores de Scott Card ya conocen y que el espectador agradecerá que no se revele aquí, están realizadas con habilidad y un ritmo brioso. Lástima que no haya más escenas de batallas y combates, y que falten esos detalles de enjundia estética que hacen grande al cine de ciencia-ficción. Y una pena que el final sea tan decepcionante, tan plano en su aburrimiento.
Fuentes.
Internet.
Artículos.
Koch, Tommaso. Ciencia ficción y homofobia. “El País” (1-XI-2013) 43.
Koch, Tommaso. Harrison Ford / Actor. ‘No me confundáis con el tipo que aparece en la pantalla’. “El País” (1-XI-2013) 43. Promueve El juego de Ender.
Ocaña, Javier. Militarismo infantil. “El País” (8-XI-2013) 45. Una decepción.



El lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese
El lobo de Wall Street (2013). Género: drama. Duración: 180 minutos. Dirección: Martin Scorsese. Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Joanh Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey, Kyle Chandler. Guión: Terence Winter, sobre la autobiografía de Jodan Belfort. Música: Howard Shore. Fotografía: Rodrigo Prieto. Montaje: Thelma Schoonmaker. 
Un tiburón bursátil, sin escrúpulos en sus abusos. 
Ayuso, Rocío. Martin Scorsese / Director. ‘Yo no soy juez, solo hago cine’. “El País” (12-I-2014) 43.
Boyero, Carlos. Scorsese, ese brillante frenesí. “El País” (17-I-2014) 39.


El médico (2013), de Philip Stölzl.
El médico (2013). The Physician. Alemania. Género: aventuras, histórico. Duración: minutos. Dirección: Philip Stölzl. Intérpretes: Tom Payne, Stellan Skaarsgärd, Ben Kingsley, Olivier Martinez, Emma Rigby. Guión: Jan Berger, sobre la novela de Noah Gordon. Música: Ingo Ludwig Frenzel. Fotografía: Hagen Bogdanski. Montaje: Sven Budelmann.
Trama.
Inglaterra, siglo XI. Rob Cole es un muchacho que perdió a su madre por una enfermedad y desea ser médico. Tras aprender los rudimentos con un barbero errante decide partir a Persia par aprender en Isfahán con el legendario médico Avicena. A su peligroso viaje le sigue una estancia no menos angustiosa, entre aventuras, el descubrimiento del amor y la confirmación de de su vocación.
Opinión.

La crítica y el público acogieron en general con satisfacción este filme que se inspira en el género de aventuras de los años 50. Con excelentes intérpretes, especialmente Skarsgärd y Kingsley, formalmente sencillo pero eficaz, entretenido siempre el argumento, aunque con graves errores como el de considerar al cristianismo una religión prohibida en el Próximo Oriente del siglo XI, la fantasiosa reinvención de la vida de Avicena o de la historia de la ciudad de Isfahán.

El quinto poder (2013), de Bill Condon.

El quinto poder (2013). The fifth State. EE UU. Género: biopicDuración: 128 minutos. Dirección: Bill Condon. Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Daniel Brühl, David Thewlis, Carice van Houten, Stanley Tucci, Laura Linney. Guión: Josh Singer, sobre libros autobiográficos de los personajes. Música: Carter Burwell. Fotografía: Tobias A. Schliessler. Montaje: Virginia Katz.
Trama.
El caso Wikileaks desde sus orígenes hasta la filtración, muestra las entrañas del quinto poder (internet), superando las limitaciones del cuarto (los medios de comunicación).
Opinión.
Una inmensa actuación de Cumberbatch en el papel de Julian Assange (que no se ha tomado a bien esta película ni a su sosías) sostiene y llena todo el filme, apoyado en un convincente Brühl.
Fuentes. .
Costa, Jordi. Mesías de la filtración. “El País” (18-X-2013) 49.

Elysium (2013), de Neill Blomkamp.
Elysium (2013). EE UU. Género: ciencia-ficción. Duración: 109 minutos. Dirección: Neill Blomkamp. Intérpretes: Matt Damon, Jodie Foster, Diego Luna, Sharlto Copley, William Fitchner. Guión: Neill Blomkamp. Música: Liz Gallacher. Fotografía: Trent Opaloch. Montaje: Julian Clark y Lee Smith.

Trama.
En 2159 la Tierra está contaminada y superpoblada, mientras los multimillonarios se han refugiado en una estación orbital, Elysium, con todas las comodidades, gobernada por la gerente Rhodes. Un pobre trabajador, Max, sufre un accidente laboral y su supervivencia depende de llegar a Elysium, aunque deba enfrentarse al sistema en una lucha a vida o muerte, de la que depende también el futuro de la Humanidad.
Opinión.
El director sudafricano Blomkamp, conocido por otro film muy logrado y con ciertas analogías con este, Distrito 9, realiza aquí una película irregular con elementos notables junto a patentes disfuncionalidades. Cuenta de partida con una trama central interesante, marcada por una dura crítica a nuestra responsabilidad en la destrucción del ecosistema de la Tierra. Matt Damon (Max), que en la vida real es un conocido ecologista, está excelente, en un permanente estado de gracia actoral desde hace años, y aquí aúna además su posición de productor para elaborar un producto de calidad con el objetivo de llegar a un público amplio.
Pero este film a ratos magnífico, sobre todo cuando aparece Damon y se narran sentimientos, naufraga en varios puntos fundamentales: la actuación excesivamente desmelenada de Copley como un malísimo repelente y loco, sin aparentes trabas si desea tomar el mundo; el papel mínimo y poco creíble en su desarrollo de Foster como gerente-gobernante de Elysium; la concepción absurda de la estructura de la estación orbital, un desafío imposible a la ciencia y a la credulidad de incluso el espectador más favorable; y la ingenuidad en la (no) descripción del modelo de Estado de esta sociedad clasista, pues nunca sabemos si nos hallamos ante una democracia imperfecta, una dictadura informática o un engendro indescifrable sobre el que pasa de puntillas el director, lo que le lleva a perpetrar el delirio de la escena final, que en su ingenuidad científico-religiosa es directamente subversiva, no porque transgreda los principios de nadie sino porque nos rebelamos ante su inconsistencia.
Una pena, porque había mimbres para una obra excelente y nos quedamos en una sola regular, aunque atractiva. Con todo, Blomkamp se merece otra oportunidad.
Fuentes.
Internet.
[http://www.itsbetterupthere.com/site/] Web oficial de la película.
Artículos.
Llopart, Salvador. El héroe sencillo. “Magazine” (11-VIII-2013) 38-42. Entrevista a Matt Damon sobre su carrera y Elysium.
Tubella, Patricia. Matt Damon, un tipo normal. “El País” (14-VIII-2013) 30.
Ocaña, Javier. El futuro ya está aquí. “El País” (14-VIII-2013) 30. Un juicio favorable pero que desvela irregularidades.

'Enemy' (2013), de Denis Villeneuve.

Enemy (2013). Canadá. Género: intriga. Duración: 90 minutos. Dirección: Denis Villeneuve. Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Mélaie Laurent, Sarah Gadon, Isabella Rossellini, Tim Post. Guión: Javier Gullón sobre la novela de José Saramago. Música: Danny Bensi. Fotografía: Nicolas Bolduc. Montaje: Jeffrey Ford y Mary Jo Marke. Reseña de Ocaña, Javier. Asombro ante el yo. “El País” (28-III-2014) 45.


Guerra mundial Z (2013), de Marc Forster.
Guerra mundial Z (2013). EE UU. Género: ciencia-ficción y aventuras. Duración: 116 minutos. Dirección: Marc Forster. Intérpretes: Brad Pitt, Mireille Enos, Daniella Kertesz, Ruth Negga, Eric West, Matthew Fox, David Morse, James Badge Dale. Guión: Matthew Michael Carnahan, Drew Goddard y Damon Lindelof, sobre la novela de Max Brooks. Música: Marco Beltrami. Fotografía: Ben Seresin. Montaje: Matt Chesse y Roger Barton.



Trama.
El científico de la ONU Gerry Lane (Pitt) está con su familia en Filadelfia cuando una epidemia zombi arrasa el planeta. Para salvar a la Humanidad debe hallar al ‘paciente cero’ (el origen de la infección) y se enrola en un heroico periplo por el mundo, desde Corea del Sur e Israel hasta Gales.


Opinión.
La película Guerra Mundial Z de Forster (dirección), Brooks (argumento) y Pitt (interpretación y producción), es una gozada. La recomiendo incluso a quien no sienta un interés específico por el cine de zombies, como es mi caso. Hace poco no pensaba verla porque el tema me era muy lejano, pero leí unas críticas muy positivas. Tienen razón. Será un clásico en el género de fantasía y terror, sección zombies, que en el filme son una metáfora replicante de los miedos de nuestra sociedad preapocalíptica, en la que nos cargamos, implacables y suicidas, el medio ambiente, la convivencia y el futuro de la Humanidad.
Cuenta con enormes y espectaculares medios, excelentes interpretaciones (Pitt no siempre escoge bien, pero ya ostenta algunas de las mejores actuaciones del último decenio; y el resto están magníficos), un guion de hierro para entrelazar las escenas con un ritmo y una coherencia que apenas se vislumbran en el cine actual, una música que apoya la historia pero no acosa al espectador.
Puede señalarse como un pero el abuso de heroísmo proestadounidense, sin duda. Lo hay a raudales. Pero la historia del mejor cine está llena de estos valores, y baste recordar a Objetivo Birmania o Fort Apache, y no por eso dejan de ser filmes extraordinarios.
Fuentes.
Internet.
[http://www.guerramundialz.es/] Incluye vídeo, fotos...
Articulos.
Tubella, Patricia. Y Pitt salvó a la humanidad.  “El País” (2-VIII-2013) 46.
Costa, Jordi. Apocalipsis con estilo. “El País” (2-VIII-2013) 46. Una crítica muy positiva para un filme que pretende un éxito masivo.
Sucasas, Ángel Luis. Los zombis como excusa y la excusa de los zombis. “El País” (2-VIII-2013).

Her (2013), de Spike Jonze.
Her (2013). EE UU. Género: drama. Duración: 126 minutos. Dirección: Spike Jonze. Intérpretes: Joaquin Phoenix, Amy Adams, Scarlett Johansson (voz).
García, Toni. Spike Jonze “El País” Semanal 1.949 (2-II-2014) 42-47.
Boyero, Carlos. Ese amor virtual, esa soledad. “El País” (21-II-2014) 39. Muy elogiosa.

Ida (2013), de Pawel Pauwlikovski.
Ida (2013). Polonia. Género: drama. Duración: 80 minutos. Dirección: Pawel Pauwlikovski. Intérpretes: Agata Trzebuchowska, Agata Kulesza, Joanna Kulig, Dawid Ogroknik, Adam Sziysckowski, Jerzy Treka. Guión: Pawel Pawlikowski, Rebecca Lenkiewicz. Música: Kristian Selin Eidnes Andersen. Fotografía: Lukasz Zal, Ryszard Lenczewski (B&W). Montaje: Jaroslaw Kaminski.
Una joven novicia conoce el pasado de su familia, víctima del Holocausto.
Boyero, Carlos. Hipnosis en blanco y negro. “El País” (28-III-2014) 44. / Belinchón, G. Ajuste de cuentas con el pasado. “El País” (28-III-2014) 44.

Joven y bonita (2013), de François Ozon.
Joven y bonita (2013). Jeune et Jolie. Francia. Género: drama. Duración: 95 minutos. Dirección: François Ozon. Intérpretes: Marine Vacth, Géraldine Pailhas, Fréderic Pierrot, Fantin Ravat, Charlotte Rampling. Guión: François Ozon. Música: Philippe Rombi. Fotografía: Pascal Marti. Montaje: Laure Gardette.
Boyero, Carlos. Preciosa Isabelle… ‘¿Y por qué es puta? “El País” (7-III-2014) 44.
Koch, Tommaso. François Ozon. ‘Una película donde todo es maravilloso para mí no es cine’. “El País” (7-III-2014) 44.

La gran estafa americana (2013), de David O'Russell.
La gran estafa americana (2013). American Hustle. EE UU. Género: drama. Duración: 138 minutos. Dirección: David O’Russell. Intérpretes: Christian Bale, Amy Adams, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner. Guión: Eic Warren Singer y David O’Russell. Música: Danny Elfman. Fotografía: Linus Sandgren. Montaje: Alan Baumgarten, Jay Cassidy y Crispin Struthers
Seisdedos, Iker. David O’Russell renace en el desierto. “El País” Semanal 1.946 (12-I-2014) 46-51.
Boyero, Carlos. Qué estafa la gran estafa. “El País” (31-I-2014) 41. Una dura crítica.

La ladrona de libros (2013), de Brian Percival.
La ladrona de libros (2013). The Book Thief. EE UU. Género: drama. Duración: 125 minutos. Dirección: Brian Percival. Intérpretes: Geoffrey Rush, Emily Watson, Sophie Nélisse, Ben Schnetzer, Nico Liersch, Roger Allam. Guión: Michael Petroni, sobre la novela de Markus Zusak. Música: John Williams. Fotografía: Florian Ballhaus.
Un excelente guión y unos actores tan eminentes como Rush y Watson dan empaque a esta película tal vez de emoción demasiado contenida pero que cuenta con realismo la experiencia de una niña que ha perdido a sus padres y encuentra el cariño en una familia mientras a su alrededor se extiende el horror nazi.

La mirada del amor (2013), ded Arie Posin. 
La mirada del amor (2013). EE UU. Género: drama. Duración: 90 minutos. Dirección: Arie Posin. Intérpretes: Annette Bening, Ed Harris.



Ocaña, Javier. Fantasmas del deseo. “El País” (25-X-2013) 47. Una cálida alabanza a dos interpretaciones excelentes, aunque la historia sea poco creíble.

La mujer invisible (2013), de Ralph Fiernnes.
La mujer invisible (2013). The invisible womanReino Unido. Género: drama romántico. Duración: 111 minutos. Dirección: Ralph Fiennes. Intérpretes: Ralph Fiennes, Felicity Jones, Kristin Scott Thomas, Tom Hollander, Joanna Scalan, Michelle Fairley, Perdita Weeks, Tom Burke. Guión: Abi Morgan, sobre la novela de Claire Tomalin. Música: Ilan Eshkeri. Fotografía: Rob Hardy. Montaje: Nicholas Gaster. 
La historia de amor entre el maduro escritor Charles Dickens y la joven actriz Nelly Ternan.
Boyero, Carlos. Tan complejo, tan humano. “El País” (6-VI-2014) 46. Muy positiva.
García, Toni. Ralph Fiennes, en la piel de Dickens. “El País” (6-VI-2014) 46.

Llévame a la luna (2013), de Pascal Chaumeil

 
Llévame a la luna (2013). Francia. Género: comedia. Duración: 104 minutos. Dirección: Pascal Chaumeil. Intérpretes: Diane Kruger, Dany Boon, Alice Pol, Robert Plagnol, Bernadette Le Sache, Jonathan Cohen. Guión: Laurent Zeitoun, Yoann Gromb, Béatrice Fournera. Música: Klaus Badelt. Fotografía: Glynn Speeckaert. Montaje: Dorian Rigal-Ansous.
Una dentista bella, joven y triunfadora, felizmente enamorada de un compañero, no se atreve a casarse porque su familia cree que una maldición cae sobre los primeros matrimonios de sus mujeres. Así que planea casarse con un infeliz, divorciarse y luego casarse con el hombre de su vida. Cuando encuentra a un estrafalario escritor de viajes parece que podrá cumplir su plan sin problemas. Pero todo se complica.
Fuentes.
Marcos, Ana. El cómico irreductible. “El País” (19-VII-2013) 43. Costa, Jodi. ‘Pagafantismo’ itinerante. “El País” (19-VII-2013) 43.

Luna en Brasil (2013), de Bruno Barreto.
Luna en Brasil (2013). Brasil. Género: drama. Duración: 113 minutos. Dirección: Bruno Barreto. Intérpretes: Miranda Otto, Glória Pires, Tracy Middendorf, Treat Williams, Marcelo Airoldi. Guión: Carolina Kotscho, Matthew Chapman. Música: Marcelo Zarvos. Fotografía: Mauro Pinheiro. Montaje: Marcelo Pies.

El amor entre la poetisa Elizabeth Bishop (Otto) y la arquitecta Lota de Macedo Soares (Pires). Reseña de Costa, Jordi. Dos flores raras. “El País” (9-I-2015) 40.

Nebraska (2013), de Alexander Payne.
Nebraska (2013). EE UU. Género: drama. Duración: 115 minutos. Dirección: Alexander Payne. Intérpretes: Bruce Dern, Will Forte, June Squibb, Bob Odenkirk. 
Boyero, Carlos. Un viaje entre sórdido y poético. “El País” (7-II-2014) 44. Muy positiva, en especial la interpretación de Dern. 
Belinchón, Gregorio. Alexander Payne / Cineasta, director de ‘Nebraska’. “El País” (5-II-2014) 38. Explica su pasión por la cultura española.


Nymphomaniac (I)(2013), de Lars von Trier

Nymphomaniac Movie Poster

Nymphomaniac (I)(2013). Dinamarca. Género: drama. Duración: 120 minutos. Dirección: Lars Von Trier. Intérpretes: Willem Dafoe, Charlotte Gainsborough, Shia Laboeuf, Uma Thurman, Jamie Bell, Stacy Martin, Christian Slater, Stellan Skarsgard,
Boyero, Carlos. Sexo y psicoanálisis, según Lars. “El País” (27-XII-2013) 45. Crítica poco complaciente.

Nymphomanyac. Volumen 2 (2013), de Lars Von Trier.
Nymphomanyac. Volumen 2 (2013). Dirección: Lars Von Trier.
Costa, Jordi. Como un árbol solitario. “El País” (24-I-2014) 44. Muy favorable, al contrario de la demoledora crítica de Boyero a la primera parte.


Pacific Rim (2013), de Guillermo del Toro

Pacific Rim (2013). EE UU. Género: ciencia-ficción y aventuras. Duración: 131 minutos. Dirección: Guillermo del Toro. Intérpretes: Charlie Hunnam, Rinko Kikuchi, Idris Elba,  Charlie Day, Ron Perlman, Clifton Collins Jr., Burn Gorman, Rob Kazinsky, Max Martini, Diego Klattenhoof, Santiago SeguraGuión: Travis Beacham. Música: Ramin Djawadi. Fotografía: Guillermo Navarro. Montaje: Peter Amundson. 
Trama.
El mundo se enfrenta a su destrucción cuando unos monstruos surgen del fondo del mar. Pero los hombres desarrollan unos androides gigantes de metal, controlados por pilotos, para luchar.
Opinión.
Según el parece casi unánime de los crítico, el director mexicano Guillermo del Toro (Guadalajara, 1964) ha conseguido otro filme brillante en el género fantástico que mejor domina.
Fuentes.
García, Toni. Guillermo del Toro. ‘Los robots siempre me han puesto cachondo. “El País” Semanal 1.920 (14-VII-2013) 20-24.
García, Toni. Hemos creado un monstruo. “El País” (9-VIII-2013) 33-35.
Costa, Jordi. Artillería pesada. “El País” (9-VIII-2013) 35. Una crítica favorable, aunque avisa que es excesiva.

Prisioneros (2013), de Denis Villeneuve.


Prisioneros (2013). EE UU. Género: thrillerDuración: 153 minutos. Dirección: Denis Villeneuve. Intérpretes: Hugh Jackman, Jake Guillenhaal, Paul Dano, Melissa Leo, Maria Bello, Viola Davis, Terrence Howard. Guión: Aaron Guzikowski. Música: Johann Johannsson. Fotografía: Roger Deakins. Montaje: Joel Cox, Gary D. Roach.
Trama.
Dos familias celebran la fiesta del Día de Acción de Gracias, el Thank’s Giving Day, y sus dos hijas pequeñas desaparecen. El policía (Guillenhaal) encargado del caso pronto localiza un sospechoso aparentemente perfecto pero no tiene pruebas y debe soltarlo, pero uno de los padres (Jackman) decide que no se quedará de brazos cruzados e interviene para salvar a su hija, en el límite de la ley y la moral, en un inevitable enfrentamiento con el policía.
Opinión.
El canadiense Denis Villeneuve se basa en un guion portentoso de Aaron Guzikowski, excelente en sus caracterizaciones de unos personajes que bordean lo inverosímil pero siempre son creíbles. El director narra el desarrollo psicológico con movimientos de cámara elegantes, ora sinuosos, ora violentos, transmitiendo la profundidad y alteración de los sentimientos con un clasicismo desacostumbrado en el cine actual. Un film complejo en su estructura, de inusitada garra en su historia entreverada de la aproximación psicológica al entorno de las víctimas y de una mirada crítica al extremismo religioso, y beneficiado por unos actores extremadamente convincentes en sus papeles, con un sorprendente Jackman, mucho mejor que en sus últimas apariciones, encarnando a un padre torturado por su sentimiento de culpabilidad. ¿Puede un padre proteger a sus hijos de todos los peligros?
Fuentes.
Internet.
[http://filasiete.com/estrenos/prisioneros/] Notable reseña de Fernando Gil-Delgado.
Artículos.
Costa, Jordi. La guerra contra Dios. “El País” (11-X-2013) 52. Muy favorable, ofrece una interpretación religiosa discutible pero inspiradora.


Rush (2013), de Ron Howard. 
Rush (2013). EE UU. Género: drama. Duración: 123 minutos. Dirección: Ron Howard. Intérpretes: Chris Hemsworth, Daniel Brühl, Olivia Wilde, Alexandra Maria Lara, Perifrancesco Ravino. Guión: Morgan. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Anthony Dod Mantle. Montaje: Daniel P. Hanley.
Trama.
La lucha en la Fórmula 1 entre los pilotos Niki Lauda y James Hunt.
Opinión.
Una excelente película según todas las críticas que he leído, aunque alguna señala que el guion es deslavazado. El director Howard y los dos actores, Hemsworth y Brühl, reciben muchas alabanzas.


Estrada, Javier. Daniel Brühl. ‘No he hecho esta película para quedar bien, sino para arriesgar’. “El Mundo” Metrópolis (20-IX-2013) 4. Interpreta a Lauda en Rush.

Solo los amantes sobreviven (2013), de Jim Jarmusch.

Solo los amantes sobreviven (2013). Alemania. Género: terror. Duración: 123 minutos. Dirección: Jim Jarmush. Intérpretes: Tilda Swinton, Tom Hiddleston, John Hurt. Guión: . Música: . Fotografía: . Montaje: .
Belinchón, Gregorio. Jim Jarmusch se apunta al cine de vampiros en su nueva película. “El País” (8-VI-2014) 46.
Costa, Jordi. El extraño amor vampírico. “El País” (13-VI-2014) 42. Muy elogiosa.

Stoker (2013), de Park Chan-Wook
Stoker (2013). EE UU. Género: thrillerDuración: 99 minutos. Dirección: Park Chan-Wook. Intérpretes: Mia Wasikowska, Matthew Goode, Nicole Kidman. Guión: Wentworth Miller. Música: Clint Mansell. Fotografía: Chung-hoon Chung. Montaje: Nicolas de Toth.
Fuentes.
Ocaña, Jordi. Violencia genuina. “El País” (10-V-2013) 44. Elogiosa.

The Grandmaster (2013), de Wong Kar-Wai.
The Grandmaster (2013). Hong Kong / China / EE UU. Drama. Duración: 123 minutos. Dirección: Wong Kar-Wai. Intérpretes: Tony Leung, Zhang Ziyi, Chang Chen, Wang Qingxiang.


Costa, Jordi. Pasión Kung-fu. “El País” (10-I-2014) 39. Homenaje excelente al cine de artes marciales.

Una casa en Córcega (2013), de Pierre Duculot.

Una casa en Córcega (2013). Au cul du loup. Bélgica. Género: drama. Duración: 84 minutos. Dirección: Pierre Duculot. Intérpretes: Christelle Cornil, François Vincentelli, Jean-Jacques Rausin, Marijke Pinoy, Pierre Nuesse. Guión: Pierre Duculot. Música: selección clásica de Pierre Duculot. Fotografía: Hichame Alaouie. Montaje: Virgine Messiaen y Susana Rossberg.
Fuentes.
Ocaña, Javier. La calma interior. “El País” (14-VIII-2013) 31. Muy elogiosa, un filme profundo y lleno de poesía, sobre la insatisfacción existencial de una joven sencilla, que descubre en Córcega el camino hacia la riqueza de la vida interior.

sábado, 17 de mayo de 2014

Arte: Modernidad y Posmodernidad (II).

ARTE: MODERNIDAD Y POSMODERNIDAD (II).

LOS CONCEPTOS DE LA POSMODERNIDAD.
Bachelard y el arte como poética.
Baudrillard y la sociedad pantalla.
Derrida y la deconstrucción.
La creación por la palabra y la lectura.
El nominalismo.
¿Sabemos qué es el arte?
Schaeffer contra la sacralización del arte.
Una crítica a Schaeffer.
Jameson y la crítica de izquierdas.
¿Es posmoderno el arte realista?
El centro y la periferia.
El tiempo cíclico posmoderno.
La esquizofrenia posmoderna.
Los temas de la posmodernidad: Eros y Tanatos.
¿Un lenguaje internacional posmoderno?
DE LA POSMODERNIDAD COMO MANIERISMO.
¿TIENE FUTURO LA POSMODERNIDAD?
Sobre lo universal y lo particular.
Una conclusión.

LOS CONCEPTOS DE LA POSMODERNIDAD.
Hay un pluriculturalismo estético y artístico. Su inmenso, inabarcable, corpus teórico lo desarrollan Lyotard, Foucault, Lacan, Deleuze, Derrida, Jameson, Baudrillard, Bachelard, Starobinski, etc. Los grandes conceptos teóricos de la posmodernidad son el aura (Benjamin), el enmascaramiento y el simulacro (Baudrillard), la deconstrucción (Derrida) y la represión (Freud). Sus síndromes son: eclecticismo, citacionismo, fragmentación, oronización y reapropiacionismo.
Pero no debemos olvidar que estos datos apresurados no acaban el diagnóstico posmoderno. Uno de los fenómenos básicos de la posmodernidad es la sólida aparición de la contracultura y la correspondiente consagración del arte marginal. Otro es la muerte de la creencia del artista-genio, del artista, del autor (una idea de Barthes), cuyo ejemplo máximo es el neo-dadaísmo de Beuys: como todo hombre es artista, entonces es posible que no lo sea ninguno; es el artista-chamán que cura (Beuys, Vostell) las enfermedades del espectador.

Bachelard y el arte como poética.
En su madurez (tenía 73 años), en 1957, Gaston Bachelard publica La poética del espacio, una obra seminal del discurso de la posmodernidad, en la que el autor supera la fenomenología como forma de aproximación a la realidad, y propone un estilo de reflexión que se sustenta sobre la poesía que albergan todos los fenómenos de la creación, desde los más insignificantes a los más excelsos. Su método es el «estudio del fenómeno de la imagen poética». Con una mezcla de poesía y misticismo, se recrea en la belleza aparentemente oculta, en el ser propio de esa imagen poética que nace en la conciencia como resultado directo del alma. La imaginación entra de lleno en la interpretación personal para desembocar en una fenomenología del espíritu, en una fenomenología del alma, que puede revelar el primer compromiso de una obra. Bachelard no ve la obra como un simple sustituto de la realidad sensible sino como «la fulguración de la imagen», una imagen superadora de todos los datos de la sensibilidad. En su libro enfatiza el examen de imágenes modestas, representativas y elocuentes del “espacio feliz”. Si nuestra alma es una morada, inevitablemente debemos referirnos a la casa, a sus espacios y cosas (cajones, cofres o armarios), para aprender a “morar” por nosotros mismos. Los ámbitos de la intimidad y la dialéctica de lo pequeño y de lo grande, «la inmensidad íntima» —y, por extensión, de lo interno y lo externo, de lo abierto y lo cerrado— son pasos que recuperan para la imagen todo su saber ontológico.
Bachelard rompía así con su pasado racionalismo y abría puertas a la actividad propia de la imaginación pura, a la metafísica.

Baudrillard y la “sociedad pantalla”.
Jean Baudrillard, en Las estrategias fatales, analiza los mass media en una sociedad estadística, que ha perdido los valores cualitativos. Es una sociedad transparente, en la que se sabe todo y no sabe nada porque falta capacidad y tiempo para la crítica y el conocimiento (aprendizaje) significativo. Es una sociedad dominada por la cultura de la pantalla, sin realidad en el fondo, fragmentada. «Lo real está out, sólo las apariencias funcionan». La cultura occidental funciona con la metáfora del espejo (la misma tesis de Lacan). «Lo registramos todo, pero no lo creemos, pues nosotros mismos nos hemos convertido en pantallas». El arte está confrontado al desafío de la mercancía; la obra de arte tiene ahora un valor de cambio, una mercancía, un fetiche comercial. El urinario, de Duchamp, que, con oronía crítica, asume la elevación a obra de arte de la “cosa”.
En 1970, Baudrillard lanzaba su noción del hiperrealismo para referirse a la desaparición de la realidad, desgajada de los signos que remiten a la misma, en un mundo dominado por los massa media. En El intercambio simbólico y la muerte (1976), escribe que el mundo contemporáneo es fundamentalmente abstracto: ausente la realidad, todo es simulacro. No cabe la originalidad. El artista posmoderno trata la superficie “hiperreal” como una suerte de naturaleza y juega, irónicamente y a sabiendas, con el poder de sus simulaciones.
En una entrevista posterior (1996) se revisaban los grandes temas de Baudrillard [Baudrillard, Jean. Entrevista con Jean Baudrillard (por Catherine Francblin). “Artpress”, París, 216 (IX-1996). Rep. en “Lápiz” 128/129 (II-1997) 52-57.].
En La transparencia del mal (1990) el autor escribía que en el entorno actual el arte «ha desaparecido como pacto simbó­lico por el cual se diferencia de la pura y simple producción de valores estéticos que conocemos bajo el nombre de la cultura: proliferación hacia el infinito de los signos...» [Francblin, Catherine. Entrevista con Jean Baudrillard (por). “Artpress”, París, 216 (IX-1996). Rep. en “Lápiz” 128/129 (II-1997): 52.]. Para Baudrillard el mundo contemporáneo es fundamentalmente abstracto: ausente la realidad, todo es simulacro. Para Baudrillard, el arte es el pretexto para un discurso antropológico sobre la pérdida de trascendencia y sobre la visualización total que definen hoy a Occidente.
Baudrillard había publicado un artículo en 1996 [Baudrillard, Jean. Le complot de l'art. “Liberátion”, París (20-V-1996).], en el que para Francblin se evidencia que el arte interesa sólo a Baudrillard «en la medida que conforma los esquemas funcionales y de comportamiento que insporan su crítica a la cultura occidental». Baudrillard responde: «Es cierto que el arte tiene para mí un interés periférico. No tengo un compromiso real con él. De hecho, diría que lo contemplo con el mismo prejuicio desfavorable que sostengo ante la cultura en general. En este sentido, el arte no tiene ningún privilegio especial frente a otros sistemas de valores. La gente sigue considerando que el arte es una especie de recurso inesperado. Yo me opongo a esta visión edénica. Mi punto de vista es antropológico. Desde este punto de vista, ya no parece que el arte siga teniendo una función vital. Adolece de la misma extinción de valores, la misma pérdida de trascendencia. El arte no constituye ninguna excepción frente a esta fase de ejecución total, de visualización total, que ha alcanzado hoy Occidente. La hipervisibilidad es, de hecho, una manera de exterminar la morada. Puedo consumir visualmente este tipo de arte, incluso disfrutarlo, pero no me da ilusión ni verdad. Nos hemos cuestionado el objeto de la pintura y luego el sujeto de la pintura, pero me parece que nadie ha demostrado demasiado interés por el tercer elemento: el espectador. Su atención se solicita cada vez más, pero a modo de rehén. ¿Existe otra manera de morar el arte contemporáneo distinta al modo en que el mundo del arte se mora a sí mismo?» [Francblin, Catherine. Entrevista con Jean Baudrillard (por). “Artpress”, París, 216 (IX-1996). Rep. en “Lápiz” 128/129 (II-1997): 53.].
Baudrillard, en su artículo Le complot de l'art razonaba sobre una “conspiración del arte”, en la que quienes están vinculados al mundo del arte son los conspiradores, una metáfora para referirse a un síndrome en que todos son víctimas y cómplices, sin un conspirador determinado. Como en la «teatralidad de la política: todos estamos a la vez estafados y complicados» [Francblin, Catherine. Entrevista con Jean Baudrillard. “Artpress”, París, 216 (IX-1996). Rep. en “Lápiz” 128/129 (II-1997): 53.].
Baudrillard quiere asumir el papel del no-cómplice, del no iniciado, del que no sabe, ignorante pero instintivo, siempre indócil, «que se niega a ser educada», «a caer en la trampa de los signos». «Intento ofrecer un diagnóstico desde un punto de vista agnóstico. Me gusta ver las cosas como lo haría un primitivo». Quiere ser “ingenuo”, porque tan pronto como uno entra en el sistema para atacarlo también se convierte en parte de él. Pero es una posición ineficaz, porque la misma crítica, por dura que sea, sólo refuerza más el sistema, al regenerarlo. En política, como en el arte, «pienso que las masas, aunque también ellas participan en el juego y se las mantenga en una postura de servilismo voluntario, son absolutamente escépticas. En este sentido, así se aproximan a una forma de resistencia anticultural»
La posición de Baudrillard se desliza así al escepticismo, al no creer ni en el bien, ni en la posibilidad de evitar el mal. La nada domina la acción, pues en él no hay acción contra el sistema. En otro artículo suyo, Les ilotes et les élites [Francblin, Catherine. Entrevista con Jean Baudrillard (por). “Artpress”, París, 216 (IX-1996). Rep. en “Lápiz” 128/129 (II-1997): 54. En la versión española de la entrevista, los ilotas —espartanos— son traducidos como “islotes”], Baudrillard critica a las élites y sostiene que las masas llamadas ciegas son, de hecho, perfectamente lúcidas. Francblin opina que las masas, en el arte, no son tan lúcidas («el público general es bastante conformista”) y Baudrillard lo acepta: «En la esfera política, la opacidad de las masas neutraliza el dominio simbólico que se ejerce sobre ellas. Puede que esta opacidad no sea tan grande en el terreno del arte y que el poder crítico de las masas sea, en consecuencia, menor. No hay duda que sigue habiendo cierto apetito de cultura. Y si la cultura ha tomado el relevo de la política, también lo ha hecho en términos de complicidad. Sin embargo, el hecho de que las masas consuman arte no significa que se adhieran a los valores que se les enseñan. Para decirlo de manera sencilla, las masas no tienen nada a lo que oponerse. Estamos contemplando un especie de alineación (sic, alienación), una movilización cultural general».
Para Baudrillard es absurda la distinción entre derecha e izquierda. Francblin insinúa que sus tesis, de no participación real de las masas, reproducen el mismo tipo de discurso de la extrema derecha y ponen en cuestión el sistema democrático. Baudrillard responde: «El régimen democrático es cada vez más disfuncional. Funciona en un nivel estadístico: la gente vota, etc., pero la escena política es esquizofrénica. Las masas son completamente externas a este discurso sobre la democracia. A la gente no le importa lo más mínimo. La participación viva, real, es enormemente débil. / Este público cada vez más amplio, que primero fue conquistado políticamente y al que ahora intentan conquistar e integrar culturalmente, se resiste. Se resiste al progreso, se resiste a la Ilustración, a la educación, a la modernidad, etc.». Y ese rechazo satisface a Baudrillard, en cuanto permite una verdadera oposición al sistema (aunque no sabría definirla), por cuanto «Todos los discursos son ambiguos, incluido el mío», todos son cómplices del sistema, que los utiliza para justificarse a sí mismo.
«Por otro lado, el de las masas, hay algo ignorante e irreductible en el ámbito de lo político, lo social o lo estético. Todo se está realizando cada vez más. Un día la sociedad estará plenamente realizada y no habrá más que excluidos. Algún día todo estará culturalizado: cada objeto será un “objeto estético” y ningún objeto será estético. A medida que el sistema se va perfeccionando, va integrando y excluyendo simultáneamente». Integrando y excluyendo a personas y obras de arte.
En el artículo Le complot de l'art, Baudrillard decía «Los consumidores tienen razón porque el grueso del arte contemporáneo es basura», lo que Francblin critica, pues el arte es precisamente lo que no está en ese “grueso”, por ejemplo Bacon (de quien se hacía entonces una exposición en París). Baudrillard le da la razón: «Estoy de acuerdo, pero no se puede decir nada de la singularidad», porque los circuitos, los canales de comunicación, globalizan los contenidos, lo uniforman todo. No podemos distinguir el arte del no arte, sumergidos por el bombardeo de mensajes. «En el mundo estético, la superestructura es tan apabullante que nadie tiene ya una relación directa y brutal con los objetos o con los acontecimientos. (...) Como mucho compartimos el valor de las cosas, no la forma. El objeto mismo, la forma secreta que hace que sea lo que es, raramente se consigue. ¿Qué es la forma, después de todo? Algo más allá del valor y que intento alcanzar mediante una especie de vacío donde el objeto y el acontecimiento tienen una oportunidad de emitir con máxima intensidad». Si no puede captar la forma, el espectador se contenta con la estética: «A lo que me acerco es a la estética, ese valor añadido o barniz cultural tras el cual desaparece el valor intrínseco. Ya no se sabe dónde está el objeto. Sólo tenemos discursos circundantes, una acumulación de visiones que terminan formando un aura artificial».
«El fenómeno que observé en Le système des objets se está reproduciendo ahora en el sistema estético. En la esfera económica, llega un momento en que los objetos ya no existen en términos de su finalidad y existen solamente en relación con otros objetos, de manera que lo que se consume es un sistema de signos. Lo mismo ocurre con la estética. Bacon se consume oficialmente como un signo, incluso si, individualmente, uno puede intentar re-singularizarle, redescubrir el secreto de la excepción que él representa. Sin embargo, hoy tienes que trabajar realmente duro para escapar a los efectos del sistema educativo y evitar que los signos nos conviertan en sus rehenes. Para volver al momento en que por vez primera aparece la forma —que es, a la vez, el punto en el que todo el revestimiento desaparece. El punto ciego de la singularidad sólo se puede abordar de una manera singular. Esto es antitético respecto al sistema de la cultura, que es un sistema de tránsito, de transición, de transparencia. Y la cultura es algo que me deja frío. Todo lo malo que le pueda ocurrir a la cultura me parece bien».
En una entrevista con Geneviève Breerette, en “Le Monde, Baudrillard dijo que no estaba articulando un discurso de la verdad, que nadie estaba obligado a pensar como él y le confiesa a Francblin: «no quiero convertir mis juicios sobre arte en una cuestión de doctrina». «El objeto artístico se presenta como un fetiche, un objeto definitivo. Rechazo completamente esa forma de presentación categórica e irrevocable. No busco la conciliación o el compromiso, sino la otredad, como en un duelo. Volvemos a encontrarnos con la cuestión de la forma. La forma nunca dice la verdad acerca del mundo; es un juego, una proyección».
«Existen mil maneras de expresar la misma idea, pero si no consigues hallar el choque ideal entre la forma y la idea, no consigues nada. Esta relación con el lenguaje como forma, como seducción, como “punctum”, como dijo Barthes, es cada vez más difícil de encontrar. Pero sólo la forma puede cancelar el valor. Son mutuamente excluyentes. La crítica es hoy incapaz de articularse desde una posición de alteridad. Sólo la forma es capaz de oponerse al intercambio de valores. La forma es inconcebible sin la idea de metamorfosis. La metamorfosis te permite moverte de una forma a otra sin que te intervenga el valor. No se puede extraer un significado, ni ideológico ni estético. Entramos en el juego de la ilusión: la forma remite sólo a otras formas, pero sin que circule el significado. Esto es lo que ocurre en la poesía, por ejemplo: las palabras resuenan juntas, creando un acontecimiento puro. Mientras tanto, han capturado un fragmento del mundo, incluso si no ofrecen ningún referente identificable desde el que uno pueda extraer una lección práctica».
«He dejado de creer en el valor subversivo de las palabras. Sin embargo, mantengo una fe incorruptible en la operación irreversible de la forma. Las ideas o los conceptos son todos reversibles. El bien se puede invertir siempre y convertirse en el mal, lo verdadero en lo falso, etc. Pero en la materialidad del lenguaje, cada fragmento agota su energía y todo lo que queda es una forma de intensidad. Esto es algo más radical, más primitivo que la estética. En los años 70, Callois escribió un artículo en el que describía a Picasso como el gran liquidador de los valores estéticos. Argumentaba que tras Picasso todo lo que podíamos esperar era una circulación de objetos, de fetiches, independiente de la circulación de objetos funcionales. Ciertamente, se puede decir que el mundo estético es un mundo de fetichización. En la esfera económica, el dinero tiene que circular como sea, de otro modo no habrá valor. La misma ley rige a los objetos estéticos: se necesitan cada vez más para que pueda existir un universo estético. Ahora los objetos tienen sólo una función supersticiosa que provoca una desaparición de facto de la forma debido a un exceso de formalización, es decir, de un uso excesivo de todas las formas. La forma no tiene peor enemigo que la total disponibilidad de todas las formas».
Baudrillard parece sentir nostalgia por un estado más primitivo que, en realidad, no ha existido nunca: «Por supuesto, y por eso no soy un conservador. No quiero regresar a un objeto real. Esto sería cultivar una nostalgia de derechas. Sé que ese objeto no existe, no más que la verdad, pero mantengo el deseo de él a través de una manera de mirar que es una especie de absoluto, un juicio divino en relación al cual se revela la insignificancia de todos los demás objetos. Esta nostalgia es fundamental. Está ausente en todos los tipos de arte contemporáneo. Es un tipo de estrategia mental que nos asegura que estamos haciendo un uso correcto de la nada, del vacío».

De la enseñanza de Baudrillard surge una cuestión: aceptemos que todos protestemos por la institucionalización del arte y nos dediquemos a la búsqueda de circuitos alternativos (forzosamente contraculturales). Pero ¿existe la obra artística sin la institución artística? Si la respuesta es negativa —y no hay prueba de falsación en contra—, entonces esa limitación pervierte el juego de relaciones, pues el arte es subversivo en cuanto, históricamente, sub­vierte las tendencias dominantes y toda institución es represora per se. A no ser que esto sea un engaño, que las instituciones sean múltiples, que no haya —y nunca haya habido— la llamada “conspiración” de Baudrillard.

Derrida y la deconstrucción.
La deconstrucción es un fenómeno cultural que nace en el ámbito de la filosofía y es atendido desde el principio por la teoría y la crítica literarias, hasta imbricarse en la época neobarroca, en la posmodernidad, pues los rasgos epocales de la crisis son ejemplares de la deconstrucción: inarmonía, asimetría, inestabilidad, complejidad, desorden, fragmentación, extravío de la unidad y la claridad.
Derrida asume el concepto de diferencia de Saussure, que postula que la repetición que permite a un signo ser un signo también produce una diferencia, logrando que el signo se desvíe de su referencia inmediata. Derrida efectúa una aportación postestructuralista o deconstruccionistas sobre la lingüística logocéntrica que va desde Platón hasta Suassure.
El texto es un todo inacabado, que se va cerrando/abriendo a medida que es leído-significado por el sujeto lector-escritor. En la deconstrucción es imposible situarse fuera del texto, «nada hay más allá del texto» [Derrida, De la Gramatología.], por lo que no cabe hablar de metalenguaje o metadiscurso, ya que estos estarían inscritos en el ámbito del texto y no fuera de él. Tomando como ejemplo su lectura de la obra de Escher, es imposible mantener una lectura de la obra abierta (siempre inconclusa), sin confundirnos con los reflejos de los reflejos de las imágenes que la pueblan. Niega el valor de una interpretación “auténtica” que capte el significado real de un texto mediante su lectura; la única interpretación “auténtica” de un texto sería reescribirlo, ya que desde nuestra posición de lectores carecemos de las llaves para irrumpir en la tradición en la que nace el texto.
La obra de arte —entendida como la expresión canónica de la escritura (en sus manifestaciones de la poesía, las artes visuales como huella, trazo visual)— es la expresión paradigmática de que una huella no puede reducirse a la interpretación ni tampoco a la supuesta manifestación de que la obra es huella. Una obra sólo puede asirse, pues, como rastro opaco de la existencia del texto.
Deconstruir consiste en rastrear esos trazos y clarificar la diferencia con la tradición, abriendo sus lecturas “posibles” e “infinitas”. La deconstrucción no es un método, sino una práctica que sólo puede definirse por lo que no es, una práctica a la deriva, de libre asociación interpretativa.
La deconstrucción aplicada al arte hace su énfasis en el proceso de contemplación, en detrimento de la obra ya cerrada y que no permite acceder al espectador a la producción del sentido. En la Nueva Crítica literaria, «Gregory L. Ulmer se refiere a la poscrítica en oposición a la crítica humanista, a la crítica, llamémosle orgánica o modernista, que es la que pretende la consecución de la verdad, o la que sigue la lectura lineal y unívoca de la obra de arte. Dicha poscrítica se nutre de los procedimientos alegóricos y del collage o el montaje de la cita como instrumento de disección y aproximación a la obra. En este sentido, la deconstrucción funciona como un acercamiento a la obra de arte que pretende hacer hincapié en los pliegues del significado, acentuando los deslizamientos de sentido que se operan tanto en su interior, como en el momento de su recepción por el público» [Ulmer, G.L. El objeto de la poscrítica, en Foster (ed.), 1985. cit. Pérez Villén, 18.].

La creación por la palabra y la lectura.
La intertextualidad (la intencionalidad): la obra de arte gana autonomía una vez realizada: cada espectador completa la obra. La morada del espectador es subjetiva y al depositarse sobre la obra de arte en un juego especular impide que trascienda la “verdad de la obra”. No es posible la objetividad en una sociedad que nos bombardea y contamina con multitud de imágenes. La imagen es una construcción según códigos sociales de culturas concretas, a lo largo de la Historia. Las lecturas hacen la obra, se añaden a la obra, como lo demuestra que Goya, Velázquez y otros han sido admirados y olvidados en distintas épocas, según el gusto de cada una.
Cabe diferenciar entre dos tipos de lectura. La lectura histórica: poniéndose en la época de creación, para conocer sus referencias. La lectura creativa: se lee desde el punto de vista creador, desasosegado.

El nominalismo.
¿Es posmoderno el nominalismo creador? Ya Duchamp proclamaba que tal cosa era una obra de arte y la ponía en el corcuito de contemplación de los espectadores. Elegir, nombrar, es ya crear arte. No nos extrañe que Duchamp sea cada vez más relevante en el arte de finales del siglo XX, pues se él surge la legitimación (bajo la capa del neo-dadaísmo) de la mayoría de los movimientos transgresores en la posmodernidad. Este nominalismo crea al espectador crítico el gran problema de si ¿es arte todo lo se ofrece como arte? pues el nominalismo provoca una “estetización difusa”. Al enunciar que tal cosa es arte, se la estetiza con la palabra, la sola y simple palabra. Así, cualquier ámbito de la realidad puede ser estetizado, no por la creación del artista, sino por la contemplación del artista-espectador, por su “decor”. Los simulacionistas o apropiacionistas, con inequívoca raíz en Duchamp), al apropiarse, por ejemplo Warhol (1986), de unas pastillas de jabón y proclamar que son obras de arte, proclaman la no necesidad de intervención manual del artista. Este puede ser un “decidor”. Los artistas del conceptual serán quienes más lejos llevarán esta desimplicación-alejamiento del artista respecto a su obra.
Decíamos arriba que es un rasgo de la Posmodernidad la noción del arte como eliminación de toda diferenciación entre lo cotidiano y las realizaciones del hombre, lo que equivale a una estetización de la vida social, a un retorno a la pre-Ilustración. Todo es arte, nada es arte. Es la acepción tan anglosajona —al fin surge la cuestión de la presión de la lengua sobre los modos de pensamiento— de que “Arts” es casi todo lo que el hombre hace. En una reductio ad absurdum, matar en masa a otros seres humanos puede ser considerada una de las formas supremas del arte, lo que, a fin de cuentas, es sólo la multiplicación masiva (una reproducción técnica) de la propuesta de Thomas de Quincey de que el asesinato puede presentarse como una de las bellas artes. ¿Puede sorprendernos que en Internet haya miles de entradas —casi todas norteamericanas— en las que se abogue por estudiar los aspectos “artísticos” de los asesinatos en serie y en muchas se ensalce la “suprema belleza plástica del atentado de Oklahoma”? Es un mundo desquiciado, pero libre, en el que las palabras son de libre apropiación y sirven para designar cualquier acción humana. Pero ¿esa libertad de nominación nos obliga a aceptar como arte lo que los otros designan? ¿No estamos renunciando a nuestra propia libertad al asumir la imposición nominalista de los otros? Cabe contestar: es preciso responder “No”, cuando creemos que algo no es arte o en referencia a cualquier cuestión respecto a la que nos sintamos impelidos a oponernos. Sólo entonces la libertad cobra su pleno sentido de afirmación del individuo contra la alienación.

¿Sabemos qué es el arte?
Hay una insuficiencia teórica en la categorización de qué es arte. El abandono de la ideología permite múltiples posibilidades a todas las clases de expresión cultural, pero a cambio del peligro de constituorse en vacías de contenido, en meras “formas vacuas” y el arte, más tal vez que otras manifestaciones culturales, ha perdido su significación. Gombrich, comenzaba su Historia del Arte (1950) con la proclama: «No existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas».
Gablik [Gablik, 1984: 36.], para su tesis del “arte perturbador” (disturbing art) toma el concepto del crítico Harold Rosenberg, “objeto ansioso” (anxious object), que define la clase de arte moderno que nos sume en la incertidumbre sobre si es o no arte genuino. La dificultad estriba en descubrir porqué es arte o, incluso, si es arte lo que nos ofrece el sistema.
Calabrese, en su texto El lenguaje del arte (1987), parte de la hipótesis de que el arte posee un estatuto lingüístico —y, por tanto, estructurado— que lo hace accesible a diversas clases de estudio de sus mecanismos de funcionamiento. Calabrese atiende a la relación entre arte y comunicación. Afirma que el arte es un proceso de comunicación y de significación, basado en tres premisas: «el arte es un lenguaje», «que la cualidad estética, necesaria para que un objeto sea artístico, también pueda ser explicada como dependiente de la forma de comunicar de los objetos artísticos mismos», y «que el efecto estético que es transmitido al destinatario también depende de la forma en que son construidos los lenguajes artísticos».
¿Necesita el Arte una legitimación o es independiente de las necesidades y angustias del hombre? Su autonomía del hombre es inalcanzable. Existe sólo en cuanto creación humana, pues un Mundo sin Humanidad carecería de Arte, este desaparecería como tal aunque perviviesen las obras como tales en un planeta moviéndose por el Universo. Sólo existe el Arte en cuanto se establece la existencia de un sujeto cogniscente. La Ciencia misma es conocimiento en cuanto construcción humana; fuera de ella es inexistente, pese a que su objeto siguiese existiendo.
Asentado este punto de partida, el Arte ha de iluminar con su intensidad específica la condición humana, pues nuestro conocimiento sólo se refiere a ella. Establecemos el conocimiento de la realidad sólo si lo vinculamos al ser (el ser-hombre); un conocimiento no vinculado a éste nos sería incognoscible, pues no tendría representación ni simbolización, por lo que no podría ser pensado. Así, la construcción de las ciencias y las artes, es la constitución (en un proceso alumbrado por la filosofía de la ciencia y la filosofía del arte) de esferas artificiales del hombre, para someter a su juicio el-más-allá, la otredad de lo no inmediatamente comprensible (casi todo lo que no sea la inmediata conciencia del yo-existo del ser).
El arte (y la poesía), ha de interrogarse sobre la naturaleza y la fragilidad del ser, siempre en el filo de un vivor en el límite. Las obras nos informan de las claves de los comportamientos humanos, de las oscuras razones que nos mueven a los seres —todos nosotros condenados a no existir en cierto momento, hoy desconocido— a situarnos en el precipicio de la propia existencia. En este camino iniciático al fondo del ser, no nos interesan tanto las obras, los hechos, como que a través de ellas los personajes de la vida traslucen su naturaleza y con ello podemos seguir la construcción del mosaico del conocimiento de la existencia. Mil pequeños hechos, cubriendo el marco de nuestra existencia, religados en nuestro ser mediante conceptos que exigen la perenne interrogación y que son insoslayables en el ser-consciente: vida y muerte, amor y odio, belleza y fealdad, verdad y mentora...